Estilos de aprendizaje

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Estilos de aprendizaje


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El concepto de estilos de aprendizaje parte de la idea de que cada persona tiene un enfoque o estilo de aprendizaje concreto. En teoría, por tanto, el proceso educativo será más eficaz o eficiente si el alumnado adquiere los conocimientos a través del estilo o enfoque específico que haya sido identificado como su estilo de aprendizaje.

Por ejemplo, el alumnado que tenga un estilo de aprendizaje de «escucha» aprenderá más a través de cuentos y debates, y menos mediante ejercicios escritos tradicionales.

Impacto

Evidencias internacionales

Hay muy pocas evidencias sobre la existencia de un conjunto coherente de estilos de aprendizaje que pueda utilizarse para identificar de forma fiable las diferencias genuinas en las necesidades de aprendizaje de los y las jóvenes, y los datos disponibles sugieren que no resulta útil asignar al alumnado grupos o categorías sobre la base de un supuesto estilo de aprendizaje.

En general, las evidencias muestran un impacto medio de dos meses de progreso para las estrategias pedagógicas que utilizan estilos de aprendizaje. Sin embargo, teniendo en cuenta las pocas evidencias de la existencia de «estilos de aprendizaje», se puede concluir que estos beneficios, más que ser el resultado de los diferentes estilos de aprendizaje, pueden deberse a que el alumnado asuma la responsabilidad de su propio aprendizaje (véase la metacognición) o a que el profesorado utilice una amplia gama de actividades para enseñar el mismo contenido.

Las preferencias de aprendizaje varían en diferentes situaciones y a lo largo del tiempo y hay datos que indican que la preferencia cognitiva y el tipo de tareas pueden estar conectadas (por ejemplo, la visualización resulta especialmente valiosa para algunos ámbitos de las matemáticas). Sin embargo, los estudios en los que las actividades docentes están dirigidas a un alumnado determinado basándose en un «estilo» de aprendizaje identificado no han demostrado ningún beneficio significativo de forma convincente, en especial para el alumnado con resultados más modestos. Generalmente, el impacto registrado es poco o negativo.

Se ha documentado la ausencia de efectos de los estilos de aprendizaje en todas las etapas educativas, pero es especialmente importante no etiquetar al alumnado de enseñanza primaria o que se crea que su estancamiento se debe a su estilo de aprendizaje.

Evidencias en España

En relación con estilos de aprendizaje, en España los estudios se han focalizado en:

la implantación y eficacia de la Teoría de Inteligencias Múltiples de Howard Gardner (1983), que ha despertado gran interés en la comunidad educativa en los últimos años;

cómo atender a la especificidad de los estilos de aprendizaje de perfiles de alumnado que presentan algún tipo de dificultad de inclusión educativa;

cómo incide para el estudio de ciertas materias o elección de itinerarios educativos;

cómo aplica en entornos virtuales.

En cualquier caso, son todavía escasos los estudios experimentales que aportan evidencias sólidas, en función de muestras más amplias y estudios longitudinales.

Una de las investigaciones identificadas es la de Martínez et al. (2017) que centró su análisis en los estilos de aprendizaje de los alumnos de Bachillerato. Entre los resultados obtenidos destacó que el estilo predominante es el reflexivo, y que los estilos de aprendizaje reflexivo y teórico son los que priman en las modalidades de Bachillerato Tecnológico y Ciencias de la Naturaleza y de la Salud, y los estilos de aprendizaje activo y pragmático en las modalidades de Arte y Humanidades y Ciencias Sociales. Entre las conclusiones se destacó la necesidad de continuar promoviendo propuestas pedagógicas que tuvieran en cuenta las preferencias de los estilos de aprendizaje para modularlos en función de las necesidades educativas y profesionales.

En esta misma línea, el estudio de Martín et al. (2017) sobre el alumnado de etnia gitana, identificó una alta variedad en las formas de percibir, sentir, conocer, hacer, entre otros, reflejando los diferentes estilos para aprender. Se destacó la apreciación concedida a los elementos emocionales y sociológicos cuando se encuentran en una situación de aprendizaje. Trabajar con otros en equipo y la necesidad de motivación y de supervisión del docente fueron algunas de las variantes más señaladas por los estudiantes de etnia gitana en este estudio. Otros resultados obtenidos en este contexto fue una rúbrica para evaluar la adaptación entre estilos de enseñanza y estilos de aprendizaje, y una propuesta de intervención basada en los programas de orientación tutorial y mentoría entre iguales.

Por otra parte, la tesis de Martí Quiles (2017) centrada en la aplicación de una metodología basada en Inteligencias Múltiples y el aprendizaje en Ciencias Naturales en 4º y 5º de primaria, mostró que, en relación con el rendimiento académico, se dieron diferencias al comparar las puntuaciones pre y post intervención, ya que aumentó de 6,94 a 8,06 en el grupo experimental. En el grupo de control la variación fue mínima (de 7,11 a 7,06). Por otra parte, la actitud percibida del alumno hacia el profesor de Ciencias Naturales también en el grupo experimental sufrió una variación significativa muy positiva pre y post-test, mientras que en el grupo de control hubo una variación negativa mínima.

Sobre el creciente interés en estudiar los estilos de aprendizaje en entornos virtuales, la investigación de López et al. (2019) concluyó que: 1) los alumnos se inclinan por el estilo según sus necesidades en el “espacio virtual participativo” puesto que este estilo les permite buscar información de su propio interés de forma activa; 2) utilizan el estilo de “búsqueda e investigación” según sus necesidades, intereses e inquietudes; 3) el estilo  de “estructuración  y  planeamiento” como  elemento  principal  para  comunicarse  a  través  del espacio  virtual; 4) el “estilo  concreto  y  de  producción” para  la  elaboración  de  trabajos personales  como  herramienta  de  búsqueda  de  información  científica.  Por otra parte, se demostró que llevaban a cabo varias acciones de forma simultánea, como escuchar música cuando realizaban otras tareas en el espacio virtual.

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¿Qué eficacia tiene?

Hay muy pocas evidencias sobre la existencia de un conjunto coherente de estilos de aprendizaje que pueda utilizarse para identificar de forma fiable las diferencias genuinas en las necesidades de aprendizaje de los y las jóvenes, y los datos disponibles sugieren que no resulta útil asignar al alumnado grupos o categorías sobre la base de un supuesto estilo de aprendizaje.

En general, las evidencias muestran un impacto medio de dos meses de progreso para las estrategias pedagógicas que utilizan estilos de aprendizaje. Sin embargo, teniendo en cuenta las pocas evidencias de la existencia de «estilos de aprendizaje», se puede concluir que estos beneficios, más que ser el resultado de los diferentes estilos de aprendizaje, pueden deberse a que el alumnado asuma la responsabilidad de su propio aprendizaje (véase la metacognición) o a que el profesorado utilice una amplia gama de actividades para enseñar el mismo contenido.

Las preferencias de aprendizaje varían en diferentes situaciones y a lo largo del tiempo y hay datos que indican que la preferencia cognitiva y el tipo de tareas pueden estar conectadas (por ejemplo, la visualización resulta especialmente valiosa para algunos ámbitos de las matemáticas). Sin embargo, los estudios en los que las actividades docentes están dirigidas a un alumnado determinado basándose en un «estilo» de aprendizaje identificado no han demostrado ningún beneficio significativo de forma convincente, en especial para el alumnado con resultados más modestos. Generalmente, el impacto registrado es poco o negativo.

Se ha documentado la ausencia de efectos de los estilos de aprendizaje en todas las etapas educativas, pero es especialmente importante no etiquetar al alumnado de enseñanza primaria o que se crea que su estancamiento se debe a su estilo de aprendizaje.

Coste

Los costes son muy bajos, y suelen implicar la preparación de una mayor variedad de materiales de enseñanza y aprendizaje, aunque algunas de las pruebas de estilo de aprendizaje disponibles son de pago. Normalmente cuestan alrededor de 5 € por estudiante, aunque es importante ser conscientes de las limitaciones de estas pruebas dada la falta de evidencias de la existencia de estilos de aprendizaje que se comentaba antes.

¿Qué debes tener en cuenta?

    Antes de implementar esta estrategia en un entorno educativo, se debe tener en cuenta lo siguiente:

    1. Es muy poco probable que el alumnado tenga un único estilo de aprendizaje, por lo que restringir las actividades a aquellas que coincidan con las preferencias que hayan expresado puede dañar su progreso. Esto ocurre especialmente con el alumnado más joven que está cursando educación primaria, ya que sus preferencias y la forma de abordar el aprendizaje aún son muy flexibles.

    2. Incluir al alumnado en una categoría equis de estudiantes puede perjudicar su convicción de que puede prosperar en los estudios con esfuerzo y ofrece una excusa para el fracaso.

    3. Parece más prometedor centrarse en otros aspectos de la motivación para lograr que el alumnado participe en actividades didácticas.

    4. Sin duda, es beneficioso utilizar distintas representaciones de ideas a la hora de desarrollar la comprensión, pero esto no demuestra que cada estudiante tenga un estilo de aprendizaje.

    5. ¿Cómo se puede fomentar que el alumnado se responsabilice de identificar la mejor manera de adquirir conocimientos y desarrolle sus propias estrategias y modalidades para lograrlo?

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