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A partir de esta entrevista al doctor Claudi Mans, el alumnado entenderá por qué es importante cocinar los alimentos a una temperatura entre 65 y 170 °C, para eliminar posibles bacterias y para prevenir la aparición de componentes tóxicos.
También dispondrá de algunas recomendaciones para cocinar y conseguir un compromiso entre el gusto y la textura de los alimentos y la seguridad en su consumo.
Te recomendamos emplear este recurso con los niveles de Competencia Digital Docente:

Las sustancias tóxicas pueden aparecer si cocinamos con temperaturas superiores a los 180-190 °C, especialmente al hacerlo con brasas, elaborar frituras o incluso en algunos casos con el uso de determinados hornos. La recomendación es cocinar a temperaturas más bajas, aunque en ciertos momentos pueda cocinarse a altas temperaturas.
Un ejemplo que cita el doctor Mans para ilustrarlo es cómo deberían freírse las patatas para conseguir que queden crujientes y doradas, aproximándonos solo puntualmente a la temperatura de 180 °C. El experto también nos recuerda que, además de evitar el "tostado" debemos asegurarnos de eliminar de los alimentos las posibles bacterias y patógenos que también pueden provocarnos una intoxicación. Para ello, las temperaturas no pueden ser nunca inferiores a los 65 °C.
En conclusión, la recomendación final del Dr. Mans sería cocinar al vacío o a bajas temperaturas (entre los 65 °C y los 160-170 °C), asegurando la eliminación de bacterias y patógenos y evitando la aparición de sustancias tóxicas, buscando en definitiva el compromiso entre el gusto y la textura de los alimentos y la seguridad en su consumo.
Se puede obtener información adicional en los enlaces siguientes:
Tras visionar el vídeo, el alumnado puede buscar información sobre las temperaturas óptimas de cocción de diferentes alimentos (carne, pescado, verduras, etc.) para conservar al máximo sus nutrientes y evitar los riesgos derivados tanto de cocinar a temperaturas inferiores a los 65 °C como superiores a los 180 °C.
Existen también otros alimentos que no están cocinados. Es el caso de los curados, los encurtidos, los marinados o el tartar. Se puede aportar información al respecto o pedir al alumnado que investigue sobre ellos y para responder las siguientes preguntas, teniendo en cuenta las recomendaciones actuales en materia de seguridad alimentaria: ¿podemos considerar que se trata de alimentos seguros? ¿Comportan algún riesgo para la salud? ¿Qué procesos se dan en su conservación? ¿Se trata de procesos físicos o químicos?