

La magdalena permitió a Proust revivir lo siguiente:
"Repentinamente el recuerdo se reveló a sí mismo. El sabor era el de un pequeño pedazo de magdalena, que en las mañanas de domingo (...) solía darme mi tía Leona, sumergiéndolo primero en su propia taza de té....Inmediatamente la antigua casa gris sobre la calle, donde estaba su habitación, se elevó como un decorado (...) y el pueblo entero, con su gente y sus casas, sus jardines, su iglesia y sus alrededores, fue tomando forma y solidez, cobró vida desde mi taza de té".
En busca del tiempo perdido, Marcel Proust
Sin desearlo ni buscarlo voluntariamente, estos recuerdos del pasado afloran de golpe cuando volvemos a sentir un aroma que nuestra memoria archivó tiempo atrás.
Se trata del denominado efecto Proust, en homenaje a Marcel Proust, el escritor francés que revivió intensamente, en una de sus obras cumbre, muchos recuerdos de su infancia que creía olvidados para siempre al percibir el aroma de una magdalena mojada en té.

Nuestro cerebro archiva como recuerdos aquellos sucesos que fueron o impactantes o importantes para nosotros y los asocia a un olor que entonces estuvo presente.
