

Por ejemplo, cuando has estado todo el día cerca de algo que huele muy mal, es probable que eso te afecte y estés de mal humor; pero, sin embargo, cuando estás en el campo o en un bosque lo que suele pasar es que te sientes tranquilo y más alegre.
Por ejemplo, si vas al campo y recoges una flor, su olor puede recordarte y devolverte la emoción de aquella maravillosa excursión que hiciste un par de años atrás.
¿Cuáles podrían ser las razones de la conexión entre el olor y las emociones?
Hay una razón fisiológica fundamental: el olfato es el único de los sentidos que cuenta con una conexión directa con el sistema límbico.
Esto significa que la conexión entre lo que percibimos (un aroma) y el cerebro es inmediata y sin filtros previos: el olfato está conectado directamente con la amígdala (cuyo papel principal es el procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales) y con el hipocampo (del que depende, en gran medida, la capacidad para retener y evocar recuerdos episódicos).
