

Veamos un ejemplo: al entrar en el baño de la casa de un amigo, el olor del jabón podría revivir en ti, el fantástico olor de la casa de tu abuela.
La relación entre los aromas, la memoria y las emociones es estrecha y hay aspectos culturales que lo confirman. Sabemos que hay aromas, como el de la fresa o del cacao, que son valorados de forma positiva en diversas partes del mundo. Pero generalmente, la mayoría de los olores que consideramos “agradables” se corresponden con aquellos con los que justamente hemos crecido.
“Nuestros olores” son aquellos que nos recuerdan las emociones más profundas. Permanecen como dormidos en algún lugar del cerebro, a la espera de que volvamos a sentir “ese aroma” o “aquella fragancia” olvidados durante un tiempo, para súbitamente traernos a la memoria escenas y emociones del pasado.
