

El perfume nació en Mesopotamia, en forma de un incienso ofrecido a los dioses para dulcificar el olor de la carne animal quemada en los sacrificios. De allí surgirá su nombre: perfume proviene del latín per fumum, 'por el humo', o 'lo que se disuelve en el humo'.
La historia de la perfumería es tan vieja como la historia de las grandes civilizaciones antiguas. Inicialmente, los perfumes estuvieron reservados a los dioses. Posteriormente, se permitió su uso a los sacerdotes; luego a los reyes, que encarnaban al dios; después, fueron otros líderes, sus ayudantes, y así sucesivamente hasta los peldaños más bajos de la escala social.

Zigurat de la ciudad de Ur que se ha
conservado hasta nuestros días.
Las ciudades sumerias se erigían alrededor de estas torres y los patesi realizaban ritos sagrados
