

La estructura anatómica del aparato fonador del ser humano adulto actual es apta para la función del lenguaje humano. Nuestra laringe se proyecta hacia la faringe (consecuencia de nuestra postura erecta), mientras que en el resto de los primates se dirige hacia la cavidad bucal. De esta forma, es posible modular las frecuencias sonoras que se emiten desde la laringe, las cuales pueden alterarse por cambios en la forma y en la longitud del tracto vocal supralaríngeo.
Para que esto pueda llevarse a cabo, la cavidad bucal y la faringe tienen que actuar como conductos independientes, lo que requiere que la faringe esté situada en una posición baja en el cuello.
Veamos cómo se produce el habla.
