El iPad ayuda hasta cierto punto

Evidencia

El iPad ayuda hasta cierto punto

El refuerzo matemático con tabletas es superficial y efímero


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Área de conocimiento

  • Tecnología y Matemáticas
  • Formación de profesorado
  • Evaluación Educativa

Competencias

  • Matemática y competencias básicas en ciencia y tecnología
  • Docentes

¿Tiene beneficios el hecho de estudiar con ayuda del iPad?

No es esta la primera vez que hablamos de evidencias con el uso de tabletas ni tampoco será la última, pues la eficacia del uso de la tecnología digital en la mejora del aprendizaje y del rendimiento académico está permanentemente poniéndose a prueba desde distintos enfoques y en relación con diferentes usos, herramientas y soportes, niveles educativos y condiciones del alumnado.

En este caso, hablamos de una intervención con iPads para la competencia matemática en alumnos de 8 años con bajos niveles de rendimiento. La investigación que llevaron a cabo Martin Hassler y sus colegas fue publicada en el Journal of Educational Psychology.

El ensayo implicó a 283 alumnos de 2º grado de 27 escuelas de Suecia, que fueron divididos en cuatro grupos:

  • Grupo 1. Trabajó con un programa llamado Chasing Planets, en el que los niños van haciendo operaciones de sumas o restas según van seleccionando planetas en un mapa del espacio (cada planeta, una operación). Durante 20 semanas estuvieron practicando con este juego 20 minutos todos los días.

  • Grupo 2. Combinó la actividad anterior con 10 minutos adicionales diarios de tareas para entrenar la memoria.

  • Grupo 3. Recibió un placebo: practicaron tareas de lectura en las tabletas (también 20 minutos todos los días). El programa, llamado    Chasing Planets-Lectura, tenía un formato similar al del grupo 1, pero no era para trabajar matemáticas.

  • Grupo 4 (grupo de control). No recibió ninguna intervención con iPads.

A todos estos niños se les hicieron pruebas antes de la intervención y al finalizar la misma, así como 6 meses después y un año más tarde.

Al terminar la intervención, los dos grupos que trabajaron con los iPads tuvieron unos resultados mejores que los del grupo con placebo y los del grupo de control en las pruebas de aritmética básica (sumas y restas). Sin embargo, no consiguieron superar a estos en transferencia aritmética y resolución de problemas.

Por otro lado, los beneficios comprobados tras las 20 semanas de refuerzo con el iPad fueron desvaneciéndose con el tiempo. Al cabo de seis meses, el efecto era poco relevante (+0,18–0,28), y al cabo de un año, prácticamente inapreciable (+0,03–0,13).

Pese a ello, los investigadores advirtieron un matiz no desdeñable: que el efecto positivo fue más duradero en aquellos niños con un coeficiente intelectual más bajo. Es decir, que quienes más se beneficiaron de la intervención con los iPads en cálculo matemático fueron los que tenían peores condiciones de partida. Por eso, finalmente el estudio advierte del potencial que pueden tener con los niños menos capaces programas bien diseñados de prácticas matemáticas con las tabletas.

De hecho, los investigadores llaman la atención sobre la conveniencia de que los programas con evidencias de éxito en el terreno de las matemáticas elementales estén al alcance de los colegios, e incluso se fomente su distribución entre ellos.

¿Tiene beneficios el hecho de estudiar con ayuda del iPad?

No es esta la primera vez que hablamos de evidencias con el uso de tabletas ni tampoco será la última, pues la eficacia del uso de la tecnología digital en la mejora del aprendizaje y del rendimiento académico está permanentemente poniéndose a prueba desde distintos enfoques y en relación con diferentes usos, herramientas y soportes, niveles educativos y condiciones del alumnado.

En este caso, hablamos de una intervención con iPads para la competencia matemática en alumnos de 8 años con bajos niveles de rendimiento. La investigación que llevaron a cabo Martin Hassler y sus colegas fue publicada en el Journal of Educational Psychology.

El ensayo implicó a 283 alumnos de 2º grado de 27 escuelas de Suecia, que fueron divididos en cuatro grupos:

  • Grupo 1. Trabajó con un programa llamado Chasing Planets, en el que los niños van haciendo operaciones de sumas o restas según van seleccionando planetas en un mapa del espacio (cada planeta, una operación). Durante 20 semanas estuvieron practicando con este juego 20 minutos todos los días.

  • Grupo 2. Combinó la actividad anterior con 10 minutos adicionales diarios de tareas para entrenar la memoria.

  • Grupo 3. Recibió un placebo: practicaron tareas de lectura en las tabletas (también 20 minutos todos los días). El programa, llamado    Chasing Planets-Lectura, tenía un formato similar al del grupo 1, pero no era para trabajar matemáticas.

  • Grupo 4 (grupo de control). No recibió ninguna intervención con iPads.

A todos estos niños se les hicieron pruebas antes de la intervención y al finalizar la misma, así como 6 meses después y un año más tarde.

Al terminar la intervención, los dos grupos que trabajaron con los iPads tuvieron unos resultados mejores que los del grupo con placebo y los del grupo de control en las pruebas de aritmética básica (sumas y restas). Sin embargo, no consiguieron superar a estos en transferencia aritmética y resolución de problemas.

Por otro lado, los beneficios comprobados tras las 20 semanas de refuerzo con el iPad fueron desvaneciéndose con el tiempo. Al cabo de seis meses, el efecto era poco relevante (+0,18–0,28), y al cabo de un año, prácticamente inapreciable (+0,03–0,13).

Pese a ello, los investigadores advirtieron un matiz no desdeñable: que el efecto positivo fue más duradero en aquellos niños con un coeficiente intelectual más bajo. Es decir, que quienes más se beneficiaron de la intervención con los iPads en cálculo matemático fueron los que tenían peores condiciones de partida. Por eso, finalmente el estudio advierte del potencial que pueden tener con los niños menos capaces programas bien diseñados de prácticas matemáticas con las tabletas.

De hecho, los investigadores llaman la atención sobre la conveniencia de que los programas con evidencias de éxito en el terreno de las matemáticas elementales estén al alcance de los colegios, e incluso se fomente su distribución entre ellos.

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