Como en las ciudades de hoy, las ciudades romanas también sufrían los efectos de la presión demográfica y la especulación del suelo que alteraron su aspecto.
Según su estatus social, los romanos vivían en diferentes tipos de casas:
Las Domus (grandes casas independientes y de planta baja donde vivían las familias más ricas, algunas con jardín y agua corriente), las
Tabernae (casas de dos pisos que se alineaban a ambos lados de la calle, con vivienda en la planta superior o pergulae y pequeños comercios o talleres en la planta baja) y los
Insulae (bloques de pisos de varias plantas que se construyeron durante los siglos II y I a. C. para acoger a los nuevos habitantes de la ciudad).
Construidos con prisas y con materiales de poca calidad, los insulae solían sufrir incendios y derrumbamientos.

