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Las constelaciones, la imaginación en el cielo
Las constelaciones representan una de las tradiciones más antiguas de la humanidad y también son parte de los orígenes de la astronomía. Con ellas, mitología, ciencia y religión se combinan en el marco incomparable del cielo. Hoy en día tienen un interés principalmente cultural, pero no dejan de ser fascinantes por su conexión con las culturas más antiguas del mundo y al mismo tiempo con el progreso de la ciencia durante los primeros siglos de la época moderna.
Las constelaciones son agrupaciones arbitrarias de estrellas que han llegado a nosotros después de siglos, o incluso milenios, de tradición cultural. Una prueba de ello es que las constelaciones no son las mismas en diferentes culturas históricas, aunque a veces hay semejanzas, que solo pueden atribuirse a una difusión cultural más allá de los lugares donde se crearon, o a coincidencias.

Los límites de las constelaciones, en su gran mayoría, siguen los trazos imaginarios definidos por la Unión Astronómica Internacional de 1928 a 1930. Estas fronteras utilizan como guía las líneas de declinación y ascensión recta (es por eso que no hay líneas diagonales).
Haz clic y arrastra para girar la esfera.
Cuando miramos una constelación desde la Tierra, lo que vemos en realidad es una proyección de la posición de las estrellas sobre la esfera celeste, que hace que parezca que están muy próximas formando una figura. De hecho, la distancia real que las separa en el espacio es mucho mayor de lo que parece. Para entenderlo, lo mejor es verlo con estos dos ejemplos, la Osa Mayor y Orión. Seleccionando “Vista desde la Tierra” las constelaciones se nos muestra tal y como las vemos en el cielo. Seleccionando “Desde el espacio”, simulamos cómo se ven las estrellas tras viajar distancias de años luz alrededor de la constelación.
Dos ejemplos de perspectivas muy distintas:
Grupo de estrellas en primer plano, que están físicamente agrupadas en el cielo (las Pléyades) sobre un fondo de estrellas mucho más lejanas.
Una galaxia situada a cientos de millones de años luz, sobre un fondo de estrellas que están miles de veces más cerca.
Las constelaciones modernas fueron introducidas por la Uranometria de Bayer en 1603, donde se introdujeron doce nuevas constelaciones solo visibles desde el hemisferio sur.
Con el fin de unificar criterios, la Unión Astronómica Internacional, en 1928, definió oficialmente las constelaciones como 88 regiones que dividen toda la bóveda celeste, englobando los hemisferios norte y sur. Esta división la hicieron siguiendo las líneas imaginarias de las coordenadas celestes de ascensión recta y declinación, de tal manera que cada región englobara su constelación (agrupación de estrellas) tradicional. Esto definió unos límites precisos para determinar en qué constelación se encuentra un objeto en el cielo.

Hoy en día las constelaciones han perdido su utilidad como lugar de ubicación de los astros en el cielo, ya que los astrónomos profesionales usan coordenadas para situar cualquier objeto en el cielo, pero todavía son muy populares entre la población general, especialmente entre los astrónomos aficionados.
El último grupo de constelaciones modernas fue introducido por Lacaille en 1756, y formaban catorce nuevas constelaciones en el hemisferio sur.

En Occidente, la mayoría de las constelaciones visibles desde el hemisferio norte son un recuerdo de la cultura de los antiguos pueblos mediterráneos y de Oriente Medio. Por esta razón el origen de muchas de ellas es muy antiguo y desconocido, en algunos casos de hace 6.000 años.
La tradición que nos ha llegado a Occidente es la grecorromana y en muchos casos las constelaciones del hemisferio norte representan personajes de la mitología griega. Algunos ejemplos son Tauro, Orión, Casiopea, Hércules, Andrómeda, etc.
Como en la antigüedad solo se conocía el cielo visible desde la cuenca del Mediterráneo, las estrellas del hemisferio sur eran invisibles y desconocidas. Por ello, en Occidente, hasta los viajes de la era moderna a partir del Renacimiento, no se formaron las constelaciones del hemisferio sur. En la época del descubrimiento del mundo y de los grandes viajes por Occidente, las nuevas constelaciones recibieron nombres de los nuevos instrumentos científicos y animales descubiertos en las exploraciones, como el pez volador, el telescopio, el microscopio, el tucán, etc.
Una gran parte de las constelaciones del hemisferio norte tiene su origen en el legado de las culturas clásicas del Mediterráneo. Aunque muchos de estos asterismos tienen un origen más ancestral, los antiguos griegos nos dejaron una representación de sus personajes mitológicos. Una parte de estas constelaciones está asociada a mitos particulares, como el grupo de Perseo, formado por las constelaciones Perseo, Pegaso, Andrómeda, Cefeo, Casiopea y Cetus (la Ballena). Hay ejemplos de otros personajes que terminaron en el cielo como Orión, Ofiuco (el médico Asclepio), Sagitario, Centauro, etc.

El desarrollo de las constelaciones chinas es completamente diferente al occidental. En China se dividió el cielo en los llamados «tres recintos» y «veintiocho casas», que, a su vez, contienen más de 280 asterismos, formados por grupos de estrellas o estrellas individuales.
En 1907 se descubrió un fantástico mapa estelar chino datado del siglo VII dentro del conjunto de manuscritos de Dunhuang, y que es excepcionalmente completo, constituido por doce cartas estelares que incluyen más de 1.300 estrellas y 257 asterismos. La mayoría de los asterismos son distintos a los occidentales, pero se pueden identificar algunos como la Osa Mayor o la constelación de Orión. Grupos de estrellas que parece que han capturado la atención por igual en muchas culturas.
La visibilidad de las constelaciones depende de nuestro horizonte particular, que solo nos deja ver la mitad del cielo.
Nuestra posición local en la Tierra determina cuál es nuestro horizonte y qué mitad de la bóveda del cielo y qué constelaciones podemos ver en cada momento.

En el esquema hemos representado el horizonte, que es un plano de color morado; el cenit, como punto más alto de la bóveda celeste visible, que ahora coincide con el eje de rotación de la Tierra; la bóveda celeste, de color azul; una estrella amarilla y la Luna.
Todos los astros efectúan una vuelta cada 24 horas debido al movimiento de rotación terrestre.

Cenit y eje de rotación de la Tierra
Si nos situamos sobre el polo Norte exactamente, el eje de rotación coincidirá con nuestro cenit. Tendremos la estrella y la Luna dando vueltas y siguiendo una trayectoria exactamente paralela al horizonte. De hecho, todas las estrellas visibles desde el polo Norte siguen trayectorias paralelas al horizonte, por lo que desde este punto solo vemos la mitad de las estrellas; la otra mitad está permanentemente oculta por debajo del horizonte.
Desde una latitud intermedia entre el polo y el ecuador, las estrellas seguirán trayectorias inclinadas, algunas estrellas serán permanentemente visibles durante todo el año, otras solo temporalmente, y las estrellas situadas más al sur serán siempre invisibles.
En este caso el eje de rotación es perpendicular a la línea que une al observador con el cenit, y todos los astros parecen describir trayectorias perpendiculares al horizonte. A diferencia de la situación en el polo, se puede ver que, a medida que la Tierra va girando, es posible ver todas las estrellas de la bóveda celeste. Se trata, pues, de una posición muy interesante desde el punto de vista astronómico.
Las estrellas circumpolares
Las estrellas siempre se ven girar en torno al punto en que el eje de rotación de la Tierra corta la bóveda celeste. También podemos ver por qué desde una latitud intermedia hay un grupo de estrellas que siempre se ve sobre el horizonte y hay otro que nunca se ve, en función de cómo el horizonte del observador va barriendo la bóveda celeste. Los círculos rojos son las trayectorias de los límites norte y sur del horizonte sobre la bóveda celeste. Por encima del límite norte del horizonte siempre hay un grupo de estrellas, las llamadas estrellas circumpolares, que nunca son ocultadas por este, mientras que, por debajo del límite sur, hay otra zona de la bóveda celeste que nunca es visible.
El zodiaco es la región del cielo que recorre anualmente el Sol y lo forman una franja de doce constelaciones. El camino que hace el Sol cada año por el zodiaco se denomina eclíptica.
Recorrido del Sol por la eclíptica.
Zodiaco deriva de la palabra griega zoodiakos que significa «rueda de los animales». Por este grupo de constelaciones también pasan la Luna y los planetas brillantes. Su origen es muy antiguo y posiblemente sirvió para marcar el paso del tiempo y el de las estaciones. Como la astrología es el origen antiguo de la astronomía, el zodiaco todavía es importante en las creencias astrológicas modernas.
A la vista de lo que ya sabes, comenta cómo se verán las constelaciones desde:
En nuestro cielo se ven a simple vista en cualquier momento unas 3.000 estrellas si tenemos buenas condiciones de observación (cielos transparentes y completamente oscuros). ¿Cómo puede variar este número dependiendo del punto de la galaxia desde donde se observe el cielo?
Las estrellas parecen fijas pero no lo están, también viajan por el espacio siguiendo órbitas alrededor del centro de la Vía Láctea. Como están lejos, sus movimientos son muy lentos. ¿Crees que el cielo sería reconocible…