Niñ@s más sociales, niñ@s más felices

Evidencia

Niñ@s más sociales, niñ@s más felices

Un estudio muestra la satisfacción y la felicidad de los menores de tres años cuando comparten y ayudan a otros


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Área de conocimiento

  • Formación de profesorado

Competencias

  • Para aprender a aprender

Sabemos que la labor de la escuela no es solo la transferencia de conocimiento, sino la formación integral de las personas, y en ello desempeña un papel crucial la educación socioemocional, que cada vez está más presente en el proyecto de los centros –sobre todo en Infantil y Primaria– e, incluso, en las políticas educativas de las administraciones.

 

El siguiente estudio, publicado en Frontiers in Psychology, ahonda en la evidencia de cómo el fomento de comportamientos prosociales redunda en un mayor bienestar de los niños en su más tierna infancia. Se realizó con más de doscientos pequeños de entre dieciséis y veintisiete meses, en países culturalmente tan diferentes como Holanda y China, precisamente para averiguar si podía haber un sesgo cultural en la manera de vivenciar los roles y las actitudes sociales estudiadas: concretamente ciento veintidós niños holandeses y noventa y un chinos.

 

A todos ellos se les planteó un ejercicio de compartir golosinas que previamente habían recibido, una tarea de ayuda instrumental (buscar un objeto que necesitaba otra persona) y una tarea de ayuda empática (dar una mantita a alguien que sentía frío). Se midieron los comportamientos prosociales y los niveles de bienestar durante las tareas y después de estas. Los resultados observados fueron iguales para los niños holandeses y   los chinos, y fueron los siguientes:

 

  • Se sintieron más felices después de compartir que después de recibir.

 

  • Se sintieron más felices tras prestar su ayuda instrumental (buscar un objeto para otra persona).

 

  • Recibir la gratitud de aquellos a quienes habían ayudado no les aportó un plus de satisfacción. Es decir, lo verdaderamente significativo para ellos fue reconocerse útiles, sin que fuera necesario el reconocimiento por parte del otro.

 

Los investigadores concluyeron que las conductas prosociales son por sí mismas gratificantes para los niños, independientemente de su nacionalidad, y recomendaron profundizar en la materia con más investigaciones en menores de otras edades y contextos. Por ejemplo, la mayoría de los pequeños de este experimento procedía de entornos urbanos y de familias de clase media, y también hubo una minoría que no experimentó satisfacción alguna con aquello con lo que la mayoría sí la sintió.

 

En cualquier caso, los resultados de este estudio parecen especialmente significativos para la escuela, pues este es, probablemente, el lugar que más oportunidades puede dar a los niños para que sientan empatía y actúen de manera empática con otros, para que ayuden y sean generosos, para sentirse útiles y satisfechos de aportar a los demás y al bien común. El citado estudio hace pensar que cuanto más se favorezcan esas oportunidades de desarrollar la sociabilidad en cuanto a actitudes y conductas, mayores oportunidades de satisfacción y bienestar se les proporciona.

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