¿Podemos mejorar los resultados de los estudiantes si desmontamos los tópicos sobre la inteligencia?

Evidencia

¿Podemos mejorar los resultados de los estudiantes si desmontamos los tópicos sobre la inteligencia?

Una amplia investigación realizada en Argentina al finalizar la Secundaria evidencia la dificultad para que los jóvenes interioricen la relación entre esfuerzo y capacidad


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Área de conocimiento

  • Formación de profesorado

Competencias

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Los tópicos sobre la inteligencia como algo que viene dado y que capacita o incapacita se instalan desde bien pequeños en los estudiantes y hay numerosos estudios sobre ello, por ejemplo, en relación con el rendimiento académico, con las vocaciones científico-tecnológicas, pero también en relación con los factores externos que influyen en la autopercepción de uno mismo (expectativas de la familia y de los docentes, entorno socioeconómico, el sesgo de género…).

 

Podría haber suficiente base en ese sentido como para justificar intervenciones educativas dirigidas a modificar esos tópicos y tratar de influir en los estudiantes para que crean que la inteligencia es algo vivo, que puede crecer en función de las experiencias de aprendizaje y del esfuerzo. Precisamente, esa es la base de la que parte un estudio de amplia muestra impulsado por el Ministerio de Educación de Argentina. Se seleccionaron aleatoriamente ciento dos centros de Educación Secundaria de la región de Salta para que sus estudiantes de último curso participaran en un taller sobre la importancia del esfuerzo en el desarrollo de la inteligencia, que se llevó a cabo en las horas de tutoría del mes de septiembre, en el inicio de la etapa final del curso. Además, se seleccionaron aleatoriamente otros cien centros que formarían el grupo de control.

 

La evaluación posterior de los estudiantes corrió a cargo del investigador Alejandro Ganimian, con apoyo del centro de acción contra la pobreza Abdul Latif Jameel (J-PAL) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

 

Se investigó si la actividad afectó en los siguientes aspectos:

 

  • La percepción de los estudiantes acerca de situaciones desafiantes (si se sentían más preparados para enfrentarse a estas, si las veían como oportunidad de aprendizaje…).

 

  • El esfuerzo de los estudiantes (en sus tareas escolares, en el hogar y en otros ámbitos de desarrollo personal).

 

  • Sus aspiraciones de posgrado.

 

  • Sus resultados de las pruebas de lengua y matemáticas.

 

  • Las tasas de aprobados, de graduación y de repetidores.

 

Pero los resultados fueron desalentadores:

 

  • Los estudiantes que realizaron la actividad percibieron las situaciones desafiantes del mismo modo que los estudiantes del grupo de control. No vieron las tareas escolares como menos desafiantes; no se creyeron mejor preparados en lengua o matemáticas, ni mejoraron su autopercepción de eficacia.

 

  • Los estudiantes que participaron en el taller tampoco se esforzaron más que quienes no lo hicieron y tampoco contemplaron las evaluaciones escolares como información relevante para mejorar.

 

  • Los resultados en lengua y matemáticas no fueron mejores y tampoco hubo variaciones en las tasas de aprobados, de repetición y de graduación.

 

  • Tampoco se observaron variaciones en las aspiraciones académicas ni profesionales de los estudiantes.

 

En todo caso, los efectos de la actividad que se detectaron fueron negativos, ya que se observó un empeoramiento de la autopercepción de inteligencia, eficacia y capacidad en parte de las chicas participantes en la actividad, así como en los estudiantes procedentes de entornos más desfavorecidos y en aquellos que habían repetido curso.

 

Es decir, intentar transmitir a jóvenes de diecisiete y dieciocho años que la inteligencia y la capacidad ante los desafíos académicos dependen del esfuerzo y de la voluntad no sirvió en absoluto para mejorar su desempeño ni sus actitudes.

 

Con todo, la evidencia sirve para enfocar otra cuestión diferente de la de partida, y es que tal vez no se trate tanto de comprobar si la fe mueve montañas, sino de analizar la mayor o menor facilidad de los jóvenes para mejorar su fe en sí mismos.

 

Debido a su amplia muestra, este estudio es, sin duda, una referencia a la hora de investigar y promover intervenciones sobre la percepción de la inteligencia y del esfuerzo en el ámbito educativo, pero cabe preguntarse sobre la posibilidad de que intervenciones similares a la realizada en Argentina generen impactos diferentes a edades más tempranas, cuando aún está en construcción la imagen que cada niño y cada niña va a tener de sí mismo y cuando la presión exterior sobre los resultados académicos aún no es tan elevada. Como suelen decir los docentes con el simple aval de su experiencia, a final de Secundaria, cada estudiante ya ha echado sus cartas, máxime en cuanto a autopercepción, orientación y expectativas, y las intervenciones educativas para mejorar todo eso cuanto más temprano se hagan, mejor.

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