Mejorando la calidad de la enseñanza en Educación Infantil

Evidencia

Mejorando la calidad de la enseñanza en Educación Infantil

Un estudio sobre el programa URLEY


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Evaluación del programa URLEY para la mejora de la competencia lingüística infantil en Reino Unido

A veces un programa no revierte los logros esperados y el resultado significativo son las preguntas que abre. Ocurrió en Reino Unido con un programa de formación del profesorado de Educación Infantil diseñado para mejorar la calidad de su enseñanza y basado en evidencias, con el objetivo último de mejorar el rendimiento de los niños en su desarrollo del lenguaje. Y resultó que la calidad de la enseñanza mejoró, según los propios docentes, así como el ambiente y las dinámicas de trabajo en el aula. Pero la evaluación del programa (publicada por The Education Endowment Foundation) demostró que los niños no habían mejorado en aquello que se pretendía. 

En el ensayo participaron 2.000 niños de 120 escuelas de Liverpool y Manchester, entre octubre del 2016 y julio del 2018. Se estableció un grupo de intervención y uno de control, que siguió trabajando como siempre, y no hubo diferencias de competencia lingüística entre los alumnos de un grupo y del otro después de cursos de trabajo.

Para llevar a cabo el programa, los docentes del grupo de intervención recibieron una semana de formación sobre cómo los niños aprenden y cómo desarrollan las habilidades del lenguaje en edades tempranas, y se les enseñó cómo apoyar ese aprendizaje con prácticas basadas en evidencias de impacto, y cómo emplear determinadas herramientas de evaluación del aprendizaje infantil. En particular, los maestros fueron enseñados a usar escalas de medición del clima de aprendizaje en el aula, y es ahí donde la evaluación del programa demostró un impacto positivo significativo entre +0,5 y +0,7. 

El 91 % se declaró abrumadoramente satisfecho, tanto con lo aprendido en la formación que recibieron, como con el trabajo llevado a cabo esos dos años con los niños. Sin embargo, la evaluación del programa aprecia que esa mejora en la enseñanza no fue suficiente para impactar en el desarrollo lingüístico de los alumnos. No obstante, algunos docentes manifestaron que el programa sí había tenido un beneficio en los niños menos comunicativos. 

A veces, puede que los beneficios de una intervención no sean cuantificables en concepto de logros del alumnado, pero no siempre un programa se encuentra con tan buena acogida y tanta satisfacción entre los docentes. Solo por esa mejora en el ejercicio de la profesión, reconocida unánimemente, ya merece la pena la inversión en esa formación que recibieron los docentes. Por otro lado, quedaría por ver los efectos de esa satisfacción en el largo plazo.

Evaluación del programa URLEY para la mejora de la competencia lingüística infantil en Reino Unido

A veces un programa no revierte los logros esperados y el resultado significativo son las preguntas que abre. Ocurrió en Reino Unido con un programa de formación del profesorado de Educación Infantil diseñado para mejorar la calidad de su enseñanza y basado en evidencias, con el objetivo último de mejorar el rendimiento de los niños en su desarrollo del lenguaje. Y resultó que la calidad de la enseñanza mejoró, según los propios docentes, así como el ambiente y las dinámicas de trabajo en el aula. Pero la evaluación del programa (publicada por The Education Endowment Foundation) demostró que los niños no habían mejorado en aquello que se pretendía. 

En el ensayo participaron 2.000 niños de 120 escuelas de Liverpool y Manchester, entre octubre del 2016 y julio del 2018. Se estableció un grupo de intervención y uno de control, que siguió trabajando como siempre, y no hubo diferencias de competencia lingüística entre los alumnos de un grupo y del otro después de cursos de trabajo.

Para llevar a cabo el programa, los docentes del grupo de intervención recibieron una semana de formación sobre cómo los niños aprenden y cómo desarrollan las habilidades del lenguaje en edades tempranas, y se les enseñó cómo apoyar ese aprendizaje con prácticas basadas en evidencias de impacto, y cómo emplear determinadas herramientas de evaluación del aprendizaje infantil. En particular, los maestros fueron enseñados a usar escalas de medición del clima de aprendizaje en el aula, y es ahí donde la evaluación del programa demostró un impacto positivo significativo entre +0,5 y +0,7. 

El 91 % se declaró abrumadoramente satisfecho, tanto con lo aprendido en la formación que recibieron, como con el trabajo llevado a cabo esos dos años con los niños. Sin embargo, la evaluación del programa aprecia que esa mejora en la enseñanza no fue suficiente para impactar en el desarrollo lingüístico de los alumnos. No obstante, algunos docentes manifestaron que el programa sí había tenido un beneficio en los niños menos comunicativos. 

A veces, puede que los beneficios de una intervención no sean cuantificables en concepto de logros del alumnado, pero no siempre un programa se encuentra con tan buena acogida y tanta satisfacción entre los docentes. Solo por esa mejora en el ejercicio de la profesión, reconocida unánimemente, ya merece la pena la inversión en esa formación que recibieron los docentes. Por otro lado, quedaría por ver los efectos de esa satisfacción en el largo plazo.

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