El absentismo crónico tiene solución

Evidencia

El absentismo crónico tiene solución

Un informe estadounidense aborda las estrategias escolares que mayor éxito han tenido a la hora de abordar el problema, y ninguna se basa en la penalización del alumnado


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Área de conocimiento

  • Sensibilización social
  • Formación de profesorado
  • Evaluación Educativa

Competencias

  • Sociales y cívicas
  • Docentes

Estrategias para abordar el problema

En España ha habido siempre tanta preocupación por el abandono temprano que a menudo se nos escapa atender otro indicador de la calidad del sistema y de su capacidad para mantener al alumnado en el mismo: el absentismo escolar. Según el informe PISA, España es uno de los países con más alumnado que reconoce haber faltado a clase o haber llegado tarde sin justificación (un 30 %). También señala PISA que los alumnos y los centros con mayor absentismo guardan relación con un rendimiento menor en las pruebas de la OCDE.

Más allá de faltar un día suelto o llegar tarde a clase, el absentismo crónico normalmente vinculado al alumnado en riesgo de exclusión social es objeto de mayor preocupación y de investigación en Estados Unidos, donde se calcula que hay 8 millones de alumnos que faltan a la escuela con frecuencia o durante períodos prolongados. La literatura sobre las causas de dicho fenómeno y sobre los programas que han intentado reducirlo es amplia y rigurosa. De ahí el sentido del estudio Attendance Playbook: Smart Solutions for Reducing Chronic Absenteeism, llevado a cabo por Phyllis Jordan para el think tank estadounidense FutureEd, de la Universidad de Georgetown. La autora ofrece una revisión de las estrategias que mejor han funcionado para reducir el absentismo crónico de acuerdo con las evidencias generadas en los últimos años, también las que son más fáciles de introducir y de escalar. Como cabía esperar, ninguna de ellas se basa en el castigo y la penalización, de los que hay sobradas muestras de no haber funcionado, como también se destaca en este informe.

Por ejemplo, se pone el acento en la importancia de transmitir mensajes eficaces sobre la relación entre no faltar a clase y el logro académico. También en que los menores, y también sus familias, vean en la escuela un lugar de acogida y de aceptación donde también ellos pueden aportar. Un clima positivo puede derribar el rechazo o la apatía hacia la escuela. Pero como cada estudiante y cada familia es un mundo, entre las estrategias referidas también están las dedicadas a identificar y eliminar las posibles barreras que pueden encontrar algunos alumnos para acudir cada día a clase puntuales. 

Además de analizar las estrategias de mayor éxito, el informe refiere las investigaciones llevadas a cabo con cada una y centros educativos donde se han puesto en práctica. Todo un compendio profundo y, a la vez, práctico para quien se encuentre con este problema en su centro educativo y esté determinado a ponerle solución. Basta tener un solo alumno que falta a menudo a clase para interesarse por cómo otros han recuperado a unos cuantos en vez de darlos por perdidos.

Estrategias para abordar el problema

En España ha habido siempre tanta preocupación por el abandono temprano que a menudo se nos escapa atender otro indicador de la calidad del sistema y de su capacidad para mantener al alumnado en el mismo: el absentismo escolar. Según el informe PISA, España es uno de los países con más alumnado que reconoce haber faltado a clase o haber llegado tarde sin justificación (un 30 %). También señala PISA que los alumnos y los centros con mayor absentismo guardan relación con un rendimiento menor en las pruebas de la OCDE.

Más allá de faltar un día suelto o llegar tarde a clase, el absentismo crónico normalmente vinculado al alumnado en riesgo de exclusión social es objeto de mayor preocupación y de investigación en Estados Unidos, donde se calcula que hay 8 millones de alumnos que faltan a la escuela con frecuencia o durante períodos prolongados. La literatura sobre las causas de dicho fenómeno y sobre los programas que han intentado reducirlo es amplia y rigurosa. De ahí el sentido del estudio Attendance Playbook: Smart Solutions for Reducing Chronic Absenteeism, llevado a cabo por Phyllis Jordan para el think tank estadounidense FutureEd, de la Universidad de Georgetown. La autora ofrece una revisión de las estrategias que mejor han funcionado para reducir el absentismo crónico de acuerdo con las evidencias generadas en los últimos años, también las que son más fáciles de introducir y de escalar. Como cabía esperar, ninguna de ellas se basa en el castigo y la penalización, de los que hay sobradas muestras de no haber funcionado, como también se destaca en este informe.

Por ejemplo, se pone el acento en la importancia de transmitir mensajes eficaces sobre la relación entre no faltar a clase y el logro académico. También en que los menores, y también sus familias, vean en la escuela un lugar de acogida y de aceptación donde también ellos pueden aportar. Un clima positivo puede derribar el rechazo o la apatía hacia la escuela. Pero como cada estudiante y cada familia es un mundo, entre las estrategias referidas también están las dedicadas a identificar y eliminar las posibles barreras que pueden encontrar algunos alumnos para acudir cada día a clase puntuales. 

Además de analizar las estrategias de mayor éxito, el informe refiere las investigaciones llevadas a cabo con cada una y centros educativos donde se han puesto en práctica. Todo un compendio profundo y, a la vez, práctico para quien se encuentre con este problema en su centro educativo y esté determinado a ponerle solución. Basta tener un solo alumno que falta a menudo a clase para interesarse por cómo otros han recuperado a unos cuantos en vez de darlos por perdidos.

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