Cuéntame cuentos, no me los leas. Los beneficios de la narrativa oral en la primera infancia

Estudio

Cuéntame cuentos, no me los leas. Los beneficios de la narrativa oral en la primera infancia

Un programa centrado en contar historias sin el soporte de un libro demuestra mayores beneficios que la lectura de cuentos en los niños de Infantil.


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Nivel educativo

  • Educación Infantil

Área de conocimiento

  • Lengua y literatura
  • Metodologías Educativas

Competencias

  • En comunicación lingüística
  • Docentes

La lectoescritura y las habilidades lingüísticas conforman una de las áreas de la investigación educativa con mayor densidad de estudios y evidencias. Pero siempre hay nuevos programas que investigar, nuevos métodos, nuevas teorías, nuevas prácticas, nuevos enfoques.

 

La evidencia que comentamos a continuación llega, una vez más, de EEUU, y de uno de los numerosos programas que persiguen en aquel país la reducción de la brecha educativa en el alumnado más vulnerable. Porque allí lo normal es que los programas de mejora de la equidad tengan un seguimiento, una evaluación y una investigación académica. De hecho, algunos surgen, precisamente, como objeto de una investigación. Y esas evidencias que se generan tienen valor por lo que demuestran, pero también por lo que no demuestran.

 

El caso es que un grupo de investigadores de la Universidad de Nueva York quiso estudiar el impacto que tenía la narración de historias en la primera infancia, pero diferenciando específicamente la narración oral de la narración leída. Para ello decidieron evaluar un programa llamado R-SUCCESS, destinado a desarrollar la narrativa oral en la etapa preescolar. En él el profesorado participante trabajaba con el alumnado tres fases:

 

 

Para evaluar este sistema se contó con la participación de 185 clases de alumnado infantil que, a su vez, formaban parte de un programa de fomento de la equidad educativa en la población inmigrante de origen latino (es decir, niños y niñas con el español como lengua materna).

 

La mitad de esos niños participó en actividades de narración oral al menos una vez a la semana durante seis meses. La otra mitad participó en actividades muy similares de narración de historias, pero con el soporte de un libro; es decir, eran historias leídas, pero en ellas también se integraba la fase 1 (de trabajo previo del vocabulario clave) y la 3 (de refuerzo de la comprensión de la historia). La diferencia estribaba en que unos cuentos eran leídos y otros era contados de manera autónoma por el profesor o la profesora.

 

La investigación concluyó que los niños y niñas que habían asistido a esa representación oral de las historias demostraron tener mayor independencia y coherencia narrativas a la hora de contar historias ellos mismos que aquellos a los que les habían contado historias leídas. Ahora bien, no se detectaron diferencias en cuanto a habilidades lingüísticas generales, como las relacionadas con el uso del vocabulario.

 

En suma, resultó más enriquecedor para los niños la narración de historias de manera autónoma, sin la guía del libro.

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