Las cicatrices de la violencia escolar son más profundas en los agresores

Evidencia

Las cicatrices de la violencia escolar son más profundas en los agresores

Investigaciones en EE. UU. muestran los efectos a medio y largo plazo de la violencia

violencia de género


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Área de conocimiento

  • Educación emocional
  • Formación de profesorado
  • Evaluación Educativa

Competencias

  • Sociales y cívicas
  • Docentes

Una revisión en EE. UU. muestra los efectos a medio y largo plazo de la violencia

Una revisión sistemática de investigaciones en EE. UU. muestra los efectos a medio y largo plazo de la violencia y el acoso en la escuela

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Las escuelas son espacios inherentemente sociales. La posibilidad de vivir o sufrir situaciones de violencia y acoso es, probablemente, el riesgo más perverso de la socialización en la etapa escolar. Por ello es de especial relevancia el estudio que presentamos a continuación: una revisión sistemática de todas las investigaciones llevadas a cabo en Estados Unidos en los últimos años sobre los efectos del bullying y la violencia física en el rendimiento académico del alumnado, la salud mental y el posterior desarrollo de conductas violentas y actos delictivos.

 

Más allá de lo que el sentido común nos puede inducir a prever, tenemos ante nosotros una poderosa evidencia sobre los efectos comprobados de la violencia en el contexto escolar. El análisis incluye solo aquellos estudios que midieron efectos durante más de cinco meses, y no solo se centra en las víctimas, sino también en los agresores.

 

La investigación demuestra una incidencia significativa de problemas de salud mental, bajo desempeño académico e implicación en actos delictivos entre los estudiantes agresores. En el caso de las víctimas, se detectaron problemas de salud mental a largo plazo.

 

El estudio resuelve que las peores consecuencias de las conductas agresivas las sufren los agresores. En ellos “las cicatrices de la violencia son más profundas”, señalan los investigadores. Si bien se resiente la salud mental de las víctimas de acoso y violencia, no se observan efectos negativos sobre su desempeño escolar, ni tampoco acaban desarrollando comportamientos delictivos, cosa que sí ocurre en el caso de los agresores.

 

Por último, los investigadores inciden en la necesidad de luchar contra la violencia escolar desde la prevención, para conseguir que el alumnado desarrolle un sentimiento de pertenencia a la escuela que perdure a lo largo de los cursos. En este sentido apuntan a la educación socioemocional como herramienta clave. Cada vez son más las voces que reclaman una mayor presencia de la educación emocional en la escuela como principal fuente de prevención de problemas de nuestra sociedad, aunque cabría reflexionar si el sentimiento de pertenencia es algo que pueda enseñarse o si es, más bien, algo que cala dentro con el paso de los años y de múltiples aspectos que se perciben más allá de la enseñanza en el aula.

 

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